No hace mucho una maestra me preguntaba en una formación sobre las dificultades que tenía para trabajar con su grupo de niños. Al ser pequeños con grandes desafíos en comunicación, movimiento y percepción cuando tenía que atender a uno de ellos el resto “se quedaban sin hacer nada”.  Estuvimos reflexionando sobre eso.

¿Pueden estar nuestros niños o usuarios atentos a actividades todo el tiempo que están con nosotros? Es complicado y no solo porque pueda faltarnos personal para ello, sino porque realmente hay espacios de descanso y autorregulación que son necesarios.

Es importante que marquemos claramente los inicios y finales de las ofertas que estamos haciendo el otro. Esto puede ayudar en la orientación de la persona y acercarlo a los momentos que puede tener para sí mismo. A veces se trata de un descanso, relajado. La posición es importante en este caso para favorecerlo (sería adecuado saber la biografía de la persona) donde podremos buscar una postura cómoda o preferida y tener en cuenta el tiempo que lleva en la misma para proporcionarle pequeños cambios que minimicen los puntos de presión y faciliten la percepción de su cuerpo. Estar relajado también puede suponer mirar por un ventanal si las vistas merecen la pena.  A algunas personas podemos ubicarlas en espacios donde podamos estar en su campo visual de tal forma que puedan sentir que seguimos allí con el compañero. Estos descansos pueden ayudar a que el niño  pueda estar más receptivo en las siguientes ofertas que queramos plantear y no se sienta saturado.

Las personas con grandes desafíos también recurren a sus autorregulaciones con el fin de mantenerse en calma.  Quizás no sería una locura poder ayudarla a que esto ocurra. ¿Cuál es la autorregulación que lleva a cabo? ¿Es posible darle el espacio para ello o facilitarle la postura?

Hay otra cosa importante; en estos momentos podemos también observar qué es lo que hace nuestro niño o usuario. Quizás hace algún movimiento nuevo o que no hayamos visto anteriormente: mueve sus piernas, extiende los brazos, o se toca su pantalón de manera insistente. Puede ser que coja un material de una textura determinada y podemos ver cuáles son las formas de usarlo o explorarlo. Puede ser que haga algunos sonidos determinados que podemos tener en cuenta en nuestra comunicación. Es decir, la persona nos abre otra puerta para poder comenzar a comunicarnos con ella y tenemos el tiempo necesario para pensar diferentes ofertas donde poder seguir creciendo y enriqueciendo aquello que ya realiza por sí misma y es de su interés.  Es posible que se acerque a algún compañero si tiene posibilidad de ello, lo que puede darnos también alguna pista más sobre si alguien en especial en la clase o taller que le llame especialmente la atención.  

Estos momentos son necesarios, pueden ayudarnos si los observamos como oportunidades de aprendizaje para nosotros sobre la persona o como momentos de descanso y calma para poder estar después más disponibles.

Quizás se trate de sentirnos tranquilos con esto y así poder estar más presentes con el compañero con el que estemos trabajando en ese momento.