Los niños no trabajan

By 22 octubre, 2017Sin categoría

 

Los niños no trabajan.

La primera ocupación de un niño es JUGAR y sabemos de su importancia en el desarrollo.  Llevamos a nuestros niños a los parques, llenamos las habitaciones de juguetes, observamos y participamos de sus juegos (hacerles carantoñas los primeros meses de vida, cosquillas, o dejarnos hacer un chequeo médico algo más tarde). Entendemos que el niño puede llegar a aprender a través del juego desde las habilidades motoras más básicas, como coger objetos y soltarlos, correr o saltar hasta normas sociales complejas, como respetar las reglas de un juego de mesa. Partimos de aquello que más les motiva, conscientes de la necesidad de significación para que se produzcan los aprendizajes. Tanto es así, que en la puerta del colegio suele escucharse a los padres decir a sus pequeños que hagan muchos amigos y se diviertan, conscientes de que si se divierten y les gusta aquello que hay en el cole SE DESARROLLARÁN. Así, cuando los recogemos solemos preguntar que ha sido lo mejor del día, si se lo han pasado bien y que cosas nuevas han descubierto.

Sin embargo, en ocasiones pueden haber escuchado como a los niños con grandes desafíos, cuando entran en las salas de terapia o en sus clases se les dice que trabajen mucho y se valora el día en función de lo que el niño ha trabajado.  Los padres esperan una «buena respuesta» por parte del profesor o terapeuta (ha trabajado muy bien).  Los niños NO deberían trabajar.  Deberían entrar en las sesiones o clases dispuestos a jugar, a divertirse y es tarea de los profesionales, que esto sea lo que ocurra mientras los acompañamos en sus necesidades para conseguirlo. Es nuestra labor descubrir aquello que más puede motivarle y escuchar bien al pequeño que tenemos delante si no puede indicárnoslo verbalmente.

Encontramos a veces, niños que tienen que trabajar en su colegio, y al salir de éste, rápidamente acuden a otros profesionales donde siguen trabajando. La sociedad ya se ha concienciado sobre la importancia de las palabras y hemos conseguido poco a poco cambiar nuestra forma de nombrar ciertas dificultades, personas… etcétera,  sin embargo, a veces seguimos cargando sobre los hombros de estos pequeños la total responsabilidad sobre aquello que nosotros creemos que deben hacer, como puede ser tener una mejor coordinación, mejor tono o identificar los iguales.  Sin querer, podemos emitir  juicios al salir, indicando la cantidad de trabajo realizado mientras que otros muchos niños tienen la suerte de estar jugando en parques o con sus papás. Con esto no quiero decir que no deban acudir a las terapias, sino que el profesional debe ser consciente de cuál es la  principal ocupación del niño y acompañar el desarrollo del pequeño desde el juego  y la diversión, desde los intereses (motivaciones), aunque esto sea un poco más difícil que marcar un “juego de motricidad fina” y exigir unos resultados al niño. Que el material sea infantil no quiere decir que realmente estemos jugando.

Así que solo me queda decirles…

 

¡VAMOS A JUGAR!