¿Sabemos lo que tocamos?

By 6 marzo, 2017Sin categoría

¿Qué transmitimos cuando trabajamos con personas con discapacidad?

Frederich von Handerberg dijo “Existe un único templo en el universo, que es el cuerpo del hombre. Nada hay más sagrado que esta forma elevada…”.  Los profesionales que trabajamos con personas con discapacidad, a veces, dejamos en un segundo lugar que estamos tratando con lo que puede ser lo más sagrado en una persona.

El ConTacto

Dice Montagu que aunque la piel ha ocupado de forma constante un lugar privilegiado en la consciencia humana, curiosamente apenas ha atraído la atención de nadie hasta que no sucede algo como una quemadura, eritema,  rozadura o alguna irritación (Montagu, 2016). La técnica se convierte en  nuestra principal preocupación y nuestras manos son las herramientas para conseguirlo. Nadie puede negar la necesidad de saber bien lo que hacemos (la técnica), ya sea cambiar un pañal, movilizar algún miembro, realizar una higiene oral o guiar la mano del niño hacia la pintura de dedos para comenzar una actividad. Todo esto se hace con una gran profesionalidad y cariño. Pero ¿somos conscientes cuánto de importante es el cuerpo que estamos tocando? ¿Pedimos permiso para hacerlo? ¿Cuántas veces anticipamos a qué parte exactamente vamos a dirigirnos? ¿Sabemos lo que nuestras manos pueden trasmitir? La confianza y el estar seguros de que no vamos a hacer nada que pueda perjudicarles a veces puede hacer que pasemos por alto muchas particularidades que tal vez sean importantes para la persona que tenemos delante. Sin percatarnos podemos transmitir nuestras tensiones del día, presionar zonas sensibles o que no le gusten demasiado que le toquen, pasar por alto zonas dolorosas con el pensamiento puesto en todo que lo queda por hacer, en conseguir el mejor movimiento funcional…  Y es que vivimos en una sociedad en la que el tiempo se ha convertido en un tesoro que es muy difícil de conseguir. Nos encontramos teniendo que, en unas pocas horas, tener listos a todos los residentes para el desayuno, realizarles los tratamientos de fisioterapia, TO… delante de lo más sagrado de la persona que citaba Handerberg.

Algunas claves para mantener un buen ConTacto

Primero ¿que tal si empezamos por nosotros? La rutina del trabajo puede hacer que nos abandonemos un poco a «lo que toca hacer» pero sin embargo es necesario que antes de seguir tengamos apenas un par de minutos para poder respirar tranquilos y centrarnos, previo a que nuestras manos caminen solas hacia todo aquello que ya saben que hay que terminar en el día. Cuanto más desorientada esté la persona, más necesitará recibir de nosotros información precisa y relevante y con los menores distractores posibles que puedan confundirla más (hablar demasiado, volver a por material olvidado, indicarle a nuestro compañero que queda por hacer, tocar en diferentes zonas y momentos, quizás la música que suena de fondo) A veces puede parecernos que este par de minutos va a retrasar todo nuestro trabajo pero en apenas unos días podréis comprobar que muy probablemente sea justo lo contrario y lleguéis mucho mejor al final de la jornada.  ¿Qué podemos hacer con nuestras manos? Van a ser nuestras herramientas y transmisoras.  Sacudirlas, hacernos un automasaje, calentarlas un poco, puede ser un buen comienzo. Tienen un papel muy importante en nuestro trabajo y nuestras vidas. ¡Cuidemoslas!

En este momento es cuando solemos abusar mucho del lenguaje, preguntándole cómo ha pasado la noche o el tiempo que hace, lo guapo que lo han puesto ese día… ¡y a veces esto es genial! pero si la persona está muy afectada quizás todo este lenguaje pueda resultarle incomprensible. Aquí es donde entra en juego el conocimiento sobre nuestro paciente o usuario y su necesidad. Quizás pueda necesitar que reduzcamos el lenguaje, demos un pequeño saludo más comprensible para él-ella y que pueda llegarle. Desde un simple «Hola» a una melodía que quizás cantábais en otros momentos de la vida.  ¡Ya estoy aquí!

En ocasiones directamente nos vamos a esa pierna que tenemos que movilizar o bien a quitar la ropa para la higiene y nos olvidamos de un pequeño saludo en una zona más permitida a nivel general. ¡Qué raro es que alguien me salude desnudándome o bien tocándome la pierna!  Si la persona tiene visión, sería importante entrar en el campo visual de la persona. Tener un par de segundos de intercambio («soy yo quién está aquí y quién va a trabajar hoy contigo) y tras esto un contacto firme en el hombro (el hombro suele ser una zon a aceptada y no excesivamente íntima aunque este saludo puede variar de una persona a otra. Puede ser que en otros usuarios sea mejor la mano, por ejemplo).

Y a partir de aquí se trata de seguir centrados en lo que queremos que nuestras manos transmitan. Conocer a quién estamos tocando, qué partes pueden ser sensibles (no a todos nos gusta que nos toquen los pies, la cabeza o la cara…) y ser respetuosos con eso.  Quizás podamos dedicarle unos segundo más a esas zonas que tanto le incomodan yendo un poco más lento, transmitiendo más afecto, dejando que la propia persona marque el ritmo o variando la presión del contacto.

Esto es solo el comienzo. La escucha durante todo el tiempo que pasamos con la persona es imprescindible en Basale Stimulation®. ¡A continuar!

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