Una propuesta para Yeray

By 10 mayo, 2020Sin categoría

Yeray vive en una residencia para personas con discapacidad. Las cuidadoras comentan una situación que suele sucederles a menudo con él:

Yeray está sentado en su silla y ha realizado varias actividades y ahora toca cambiar de taller. Sus movimientos son bastante lentos. La cuidadora lo anima a levantarse tirando de su brazo. Pero Yeray no se mueve. Entonces la cuidadora vuelve a tirar y lo alienta cariñosamente a darse prisa. Yeray la mira y sonríe pero sigue sin levantarse. La cuidadora hace un esfuerzo mayor para poder levantarlo y finalmente se pone en pie con una gran ayuda. Sabemos que Yeray puede levantarse por él mismo pero en ocasiones (y sobre todo cuando más prisa llevamos) parece que no puede.  La marcha se vuelve por unos segundos muy inestable, para unos minutos más tarde, llegar a la que suele ser su marcha.

Proponemos entonces a la cuidadora que reflexione un poco sobre el tiempo que lleva sentado antes de pedirle que se levante y qué es exactamente lo que suele estar haciendo. Yeray le encanta estar mirando lo que hacen otros compañeros de la sala. Es muy risueño, así que en muchas ocasiones está sonriendo. Mira hacia unos y otros y suele interesarse poco por la actividad que se le indica que debe hacer en el taller.  En cuanto te diriges a él acostumbra a mirarte y sonreír. Con respecto al tiempo normalmente está en la misma posición alrededor de una hora antes de pasar a otro taller, a veces hora y media.

El acercamiento a Yeray es muy sencillo, él enseguida te sigue con la mirada, te regala una  sonrisa y el intercambio fluye. Iniciamos el saludo, él comienza el contacto acercándote sus manos a las tuyas y apretando un poco. En ocasiones se las lleva a su mejilla. Proponemos entonces darle un poco de percepción en sus piernas. En un inicio, con la presión adecuada, deslizamos nuestras manos sobre cada uno de sus miembros inferiores desde las caderas hasta los pies a un ritmo medio y evitando las zonas de contacto más íntimas. Después damos más información mediante percusión con nuestras manos en cada una de sus piernas. Terminamos acompañando unos suaves golpes de sus pies contra el suelo.  Mantenemos la mirada con él en todo momento observando sus respuestas. Está tranquilo, mantiene nuestra mirada y sonríe a menudo. Parece estar cómodo.  Le damos nuestra mano y Yeray muy lentamente comienza a levantarse. No hacemos esfuerzo, no tiramos de él. Permitimos que lleve su ritmo. Una vez de pie esperamos unos segundos, aprovechamos para volver a conectar con la mirada. Iniciamos la marcha.

Esta primera propuesta fue un poco más lenta que las siguientes. A lo largo de los días, Yeray iniciaba por sí mismo un “taconeo” con los pies cuando la cuidadora le ayudaba a retirar un poco la silla de la mesa. El tiempo dedicado a que pudiera percibirse mejor antes de iniciar la marcha ayudaba a que luego ésta fuera mucho más estable.

Esta fue la propuesta para Yeray en la que hemos ido creciendo y construyendo (ahora él también colabora con sus manos deslizándolas sobre sus muslos y hemos establecido ritmos contando). Hay tantas ofertas como personas a las que acompañar y eso supone trabajo en equipo y creatividad en nuestro trabajo que hace que siempre haya cosas nuevas que descubrir.